ME.

ME.

jueves, 8 de agosto de 2013

Volviendo a este lugar de origen, he de decir que no es la primavera lo que la sangre altera, sino el verano.
Pensaba que sería un verano totalmente tranquilo, comparado con el del año pasado, y bueno, quizás ha sido mil veces mejor porque han pasado 365 días de aquél día en que todo estalló. 365 días viviendo en paz.
El verano comenzó con el viaje a Gandía, como el año pasado con mis amigas de la Uni. No fue para tirar cohetes, pero mereció absolutamente la pena volver a repetir esa magnífica experiencia. Con sus más y sus menos..  puedo decir que fue un viaje increíble. En él ocurrió algún que otro altercado, ya que aparecieron nuestros amigos de Gandia, a los que conocimos el año pasado.
El jueves llegaron 3 , entre ellos el novio de Pati, y al día siguiente llegaban el resto. En el grupo de los últimos estaban Charlie, que era muy amigo mío. Era uno de los chicos que conocimos el año pasado y que él y yo, nos hemos estado llevando genial durante todo el año. Con él vinieron también Gonzalo y Vitty.
Por algún extraño motivo me hacía una especial ilusión que viniera Gonzalo, era un chico agradable con el que sólo había intercambiado alguna que otra palabra.
Esa noche, la última noche cenamos todos juntos en un restaurante que ahora mismo no recuerdo su nombre.
Entre todos sumábamos la cuenta de 12, 6 ellos y 6 nosotras.
Nos colocamos en una mesa alargada, hombres en un lado y mujeres en el otro. En frente de mí, se colocó Charlie, y a su derecha Gonzalo. La cena marchaba genial, risas salían de todas nuestras bocas, millones de miradas que se cruzaban cautelosas, insinuantes algunas, tímidas la mayoría. Éramos casi todos desconocidos pero congeniamos a la perfección.
Hay veces en las que no se sabe por qué, aparece una extraña conexión entre una persona y tú, y no se sabe por qué, tiendes a ir hacia esa persona. Pues bien, eso me ocurría cada vez que me acercaba a Gonzalo.
Cuando la cena ya estaba casi finalizando, los chicos tuvieron un gesto precioso al querer regalarnos una rosa a cada una. Cada chico a la chica que tenía en frente. En un principio Gonzalo pretendía regalarle una rosa a Inés -que era a quien él tenía en frente- pero Inés me contó de que él tuvo el gesto de querer comprarme una rosa a mí también, al decirle al hombre que las vendía - mirándome a mí- : "Que sean dos".
Al final de la cena, Gonzalo se cambió de sitio y se sentó a mi lado para preguntarme que era eso que tenía que decirle, le dije que se lo contaría más tarde.
Cuando terminamos de cenar, todos fuimos a beber a un parque cerca de la discoteca "Falkata", y Gonzalo y yo nos sentamos uno al lado del otro. Pero nos echaron de ese parque, y tuvimos que ir al parking de esa discoteca.
Nos sentamos allí todos, Gonzalo esta vez en frente de mí, estuvimos bebiendo una bebida que habíamos hecho nosotras en casa, llevaba fresa, naranja y Ginebra. Hacía una noche perfecta, nos embriagábamos a la luz de la luna entre millones de carcajadas y botellas de alcohol barato.
Con el paso de las horas,los cuerpos se balanceaban y tambaleaban al son de la noche.
Comenzamos a levantarnos y a cambiarnos de sitio, y volvimos a terminar Gonzalo y yo sentados el uno al lado del otro. Estaba claro que esa conexión se iba agrandando cada vez más.
Llegadas las 3:30 am las niñas , decidimos entrar a la discoteca. Ellos tardaron más reunirse con nosotras.
(Respiro hondo)
Más tarde comenzaron a entrar ellos, y a Gonzalo le perdí la pista. Estuve bailando con los demás, hasta que decidimos entrar al centro de la pista.Apareció entonces Gonzalo y se acercó a mí, y rozando sus labios con los míos, me susurró que necesitaba decirme algo importante. Tenerle tan cerca me subió a las nubes.
El resto decidió cambiar de discoteca, y en un momento sin darnos cuenta, estábamos solos él y yo.
Me dijo que necesitaba hablar conmigo; yo asentí y fuimos a hablar sobre ese tema que yo desconocía.
Me contó que había discutido con Charlie, y que el motivo de la discusión era yo.
Mi cara de sorpresa y desconcierto lo decían todo. Me preguntó entonces, qué había entre Charlie y yo.
Le contesté que nada, que nunca había habido por mi parte nada más allá de una simple amistad.
Entonces nos miramos y... rompí todo lo que había estado construyendo durante 8 meses.
Nos besamos, le besé y me besó hasta borrarnos el contorno de los labios.
Más tarde, volvimos con el resto, a los que no dijimos nada de lo ocurrido hasta días después.
Vimos juntos el amanecer.
Volvimos las niñas a casa, recogí mis cosas y cogí el autobús de vuelta a Madrid.
Esa misma noche me habló para preguntarme qué tal había ido el viaje, intercambiamos un par de palabras, y me dijo que a la vuelta de su viaje a Croacia nos veríamos.
Pasaban los días y yo cada día dudaba más que volveríamos a vernos después de tanto tiempo.
Durante su estancia allí no hablamos ni un solo día porque su móvil dejó de funcionar, pero para mi sorpresa, el mismo día que me dijo que volvería me mandó un mensaje por Facebook para pedirme el número de teléfono porque se le había estropeado el móvil. Desde que volvió hablábamos todos los días,y uno de ellos, el martes no sé qué día de Julio, vino a mi casa a verme. Me recogió y fuimos juntos a dar un paseo. Me invitó a cenar, y después de contarle que aquí tenemos un lugar precioso, quiso que fuéramos hasta allí. Esa noche, estando con él , volví a sentirme a 3 metros -quizás alguno más- sobre el cielo.
Después de esa fantástica noche, hablábamos cada día, me llamaba por teléfono a menudo, parecía que todo iba tan bien, que no podía creerlo. Pero claro... ¿irme bien? ¿a mí? Como siempre, sin saber por qué, un día dejó de escribirme, dejó de llamar. Sin ninguna explicación, volví a sentir después de 8 meses curándome, cuánto dolía golpearse en caída libre contra el suelo. Otra vez todas mis ilusiones esparcidas por el cemento. Había vuelto a pasar, volvió a ser final.

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