Ante ayer me comunicaron que sí, que era Apta por fin, que dentro de a penas un mes iba a poder ser un peligro más al volante.
No tenía ni la más mínima esperanza de ser capaz de aprobar ese examen, llevaba una temporada un tanto desastrosa y catastrófica -cosa no extraña en mi día a día- , y bueno, no podía imaginar que algo que realmente me importaba podría salirme bien.
Pero, sé que me lo merecía, merecía al menos que eso y en lo que a la Universidad se refiere me saliese bien.
Tras recibir la maravillosa noticia de que había aprobado el carnet teórico de conducir, yo, inundada de plena felicidad, decidí hacer la mayor gilipollez del mundo: hablarle; y proponerle pasar juntos la tarde del sábado 24 de Noviembre.
Ilusa de mí , esperando tener una respuesta positiva, la respuesta que recibí fue: "No sé si podré, intento arreglarlo y luego te digo".
Un "luego" que nunca llegó, un "luego" que no tuvo vuelta de hoja, hasta que volví a actuar yo, saqué fuerzas no sé de donde, tiré mi última carta.
Después de jugarme mi último ápice de dignidad le pregunté si al final iba a poder darse ese encuentro y , tras dos horas de espera, se dignó a responderme con un: "no voy a poder", "joder soy un desastre, ni te he avisado".
GRACIAS, gracias por demostrarme que te intereso lo mismo que en qué año calló el Muro de Berlín.
Creo que no tenías por qué expresarmelo de ese modo. Pero bueno, eso ya son suposiciones mías.
Pasé una de las peores tardes de mi vida, como hacía mucho tiempo no pasaba.
Volví a sentirme un ser absolutamente insignificante, volví a recordarme que no iba a encajar, nunca, con ningún hombre.
Mi madre me secó las lágrimas e intento animarme.
Me propuso ir con ella y con una amiga suya a un concierto "Mantra", con instrumentos hindúes y ambiente espiritual y sanador. Acepté la proposición y decidí evadirme del mundo por dos horas.
Volví a casa, y después de mucho pensar, recapacité, y me di cuenta de que era así, asumí que no estaba hecha para nadie.
No al menos por ahora.
Debía centrar mi atención en cosas que sí estaban a mi alcance, en cosas que siempre me hicieran sentirme bien.
No tenía que perder ni un segundo más de mi tiempo consumiéndome por aquello que, de momento, no estaba en mis manos.
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