Hoy es uno de esos días fríos, grises, y caseros. Bueno caseros porque he cogido un resfriado horroroso y tengo la garganta cual volcán en plena erupción. Aunque parece, de todas formas, que el volcán va soltando cada vez menos lava y se va apagando poquito a poco, gracias al cielo.
El otro día vi unos botines de tacón marrones camel, de los que me enamoré al instante, y de hecho ya están en mi estante de zapatos. Los compré con mi primer sueldo, muy merecido; que aunque no me da para una mierda en algo ayuda.
Me desvío del tema, cuando en realidad quiero hablar, bueno más que hablar, escribir a cerca de esto que está ocurriendome desde aquel once de Agosto de 2012.
Este verano, después de ser un verano bastante ajetreado, en una de mis noches de saturación cerebral se me ocurrió pedirle a Dios que, por favor, no interpusiese a ningún hombre en mi camino que no fuera para mí. Y entonces apareció él.
Ahora me cuesta escribir, me cuesta volcar todo lo que se va acumulando en mi cabeza. Pero voy a intentarlo...
Hace unos meses dudaba a cerca de si existía el enamoramiento conjunto,es decir, dudaba de si personalidad y atracción física iban unidos, claro que, después de mis experiencias vividas este año, daba por perdida cualquier posibilidad de que ambas opciones pudiesen darse a la vez. No sé como explicarlo, se me hacía rara la idea de que alguien pudiera enamorarme tanto por dentro, como por fuera, de la manera en que lo había hecho aquel hombre, que ahora ya puedo afirmar con total seguridad y firmeza, olvidado.
Descartaba cualquier probabilidad, y bueno, en realidad sólo buscaba en mis pensamientos, alguien que pudiera sorprenderme y despertar en mí de nuevo las mariposas que ya creía muertas y sepultadas bajo mi vientre.
Y esa noche, esa odiosa o maravillosa noche, le vi, no buscaba a nadie, y mis ojos se cruzaron con su sonrisa.
Quiero decir que no nos hizo falta intercambiar a penas palabras para decirnos lo que verdaderamente estaba sucediendo.
Lo sentí, le sentí, fue amor, nunca pensé que pudiera decir esto, pero así es. No sé cuanto durará, si será algo pasajero, pero mi corazón en aquel momento dio un vuelco hacia el vacío, como nunca antes había hecho.
No dejo a todo el mundo que me llame "princesa", explícame por qué de él no me suena raro...
Continúo diciendo que algo se accionó en nosotros, algunos dicen que pudo ser cupido con su flecha, otros lo achacan al simple hecho del alcohol, pero yo sé que todo esto ha sido obra del destino, que le ha atraído hacia mí y me ha llevado con él.
Después de aquella noche me quedé pensando en cada detalle, aunque no la recordaba con exactitud, me acordaba de lo verdaderamente importante, de los mejores momentos, que fueron todos.
Desde hacía mucho tiempo, mucho, no me había interesado de esta manera por nadie.
No supe nada más de él hasta que cinco días después, nos volvimos a encontrar.
Desde entonces no le volví a ver,ni volví a tener noticias suyas.
Me marché de viaje a la playa unos días, de los cuales no pude sacármelo de la cabeza ni uno sólo. Intentaba distraerme con las olas, con mi familia, con los helados, con los rayos de sol, con la música.
Fue absolutamente inútil.
Al volver, curada ya de todo, tomé la decisión de no volver a intentar saber más de esa persona que había mostrado interés nulo en cuanto a mí se refiere.
Bastó tomar tal decisión para que mi querida Ley de Murphy pudiese actuar. Esa noche donde en realidad, sí que mantenía la mínima esperanza de volver a verle-aunque fuese por última vez- recibí un mensaje, y era él.
Mis niveles de felicidad alcanzaron el máximo, daba igual lo que dijese aquel mensaje, daban igual las palabras, o si estaba a diez metros de mí, lo importante es que había pensado en mí aunque sólo hubiese sido por un segundo, y que me lo había hecho saber.
Esa noche no le vi, no estaba allí, y todos mis anhelos de volver a verle, aunque fuese sólo una vez más, se fueron al garete.
Me despedí de él mentalmente: "hasta el próximo verano".
Varias semanas después, decidimos mis amigas y yo ir a una conocida discoteca de la ciudad para celebrar el cumpleaños de una de ellas. Lo último que podía imaginarme es que esa noche volverían a cruzarse nuestras miradas, y mucho menos volver a sentirle tan cerca.
Y así fue, nadie sabe cómo o por qué pero allí estábamos los dos,no podía creer todo lo que estaba sucediendo, eramos él y yo, otra vez. Quien podría haberlo imaginado...
Los días siguientes intenté mantener el contacto como él me había pedido, lo intenté, pero era difícil hacerlo con una persona igual de receptiva que un mueble-bar, y aún era más difícil saber cuando podría volver a verle, por todas las inoportunas circunstancias que nos planteaba la vida.
Mi alma se iba apagando cada día, junto con mis fuerzas. No podía volver a tirar de otra persona a parte de mi misma, no otra vez.
Hasta que la otra noche nos volvimos a encontrar... y es horrible, cada vez todo va mejor, aunque no sé si eso es bueno o malo.
Es horrible el tenerle que echar cada vez más de menos.
Yo te juro que aguanto, lo que no sé es hasta cuando... perdóname.
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