ME.

ME.

lunes, 3 de marzo de 2014

Señor compañero, señor de la noche.

La otra noche las chicas salimos, y lo último que imaginé fue que volvería a ver tus ojos. Volvimos a vernos. 
Estás tan distinto, tan cambiado que da miedo. Me aterra sólo la idea de poder volver a confiar en ti y caer de nuevo por el agujero que dejas en mi piel cada vez que me dices que te vas.
No estuviste, pero estuviste. Quiero decir, no esperaba una sola noticia por tu parte, como siempre, como hacías y cuando menos lo esperaba... ahí estabas. De verdad me sorprendes tanto, que sí, que tiemblo sólo con pensar que has despertado. Pero todavía no entiendo tus excusas. Quiero confiar en ti, si me dejas.
Dicen que para que las cosas salgan bien no hay que decirlas, a partir de ahora se queda todo entre mi yo y las letras que escribo aquí donde nadie más me lee. 
Yo sólo quiero que sea como tenga que ser, sin pausa pero absolutamente sin prisa.

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