Dicen que los milagros no existen, pero he de decir que yo en este mes he presenciado al menos dos.
Sobre el primero de los milagros no hablaré porque no está demasiado relacionado con la siguiente narración. Sin embargo, debo aludir por contraposición, al milagro restante.
Afirmaremos, en primer lugar, que: "las personas no cambian". Bien.
Considero que a esta frase se le pueden añadir connotaciones, como por ejemplo la siguiente: "Las personas no cambian, hasta que lo hacen".
A mi parecer, la frase sería más completa de este modo.
Y todo esto tiene por supuesto una buena explicación. La pregunta clave a este cóctel de ideas es: Qué hace que una persona cambie, o mejor, qué le hace cambiar a una persona.
No tengo ni la más remota idea de cual puede ser la respuesta correcta, pero si barajo una gran posibilidad de soluciones a mi pregunta, entre las cuales, cabe la posibilidad de que quizá no se encuentre la solución acertada.
Pues bien, al margen de mis probablemente deducciones absurdas, comienzo a relatar en torno a qué gira este mejunje de conclusiones.
Digamos que él es una persona olvidadiza, descuidada, despistada,y por su puesto necio hasta el límite de serlo. El cual vive en el mundo como si de una imposición de la naturaleza se tratase. Olvida, aparentemente cualquier detalle, es totalmente distraído y por supuesto irreflexivo.
A cualquiera que me preguntase a cerca de cómo podría definirlo en dos palabras, le diría que la definición más exacta sería "el desastre humano".
Desde que lo conocí para mí fue siempre eso: un auténtico desastre. Hasta que de un tiempo a esta parte, comienza a producirse lo que yo he llamado: "el milagro". Algo dentro de él cambia, no sé sabe el qué exactamente, ni tampoco conozco cual ha podido ser el aliciente que ha activado esta nueva actitud. Pero lo que sí sé es que parece, aparéntemente, una persona distinta (en el buen sentido) y como es obvio ese cambio provoca en mí un total asombro hacia su nueva y mejorada actitud, aunque bien es cierto que Roma no se construyó en un día, al igual que la confianza no se construye sin hechos simultáneos.
Aunque he de admitir que se ha producido en su interior una verdadera transformación,un reajuste, el cual le convierte en una persona atenta, y observadora, podría decirse que demasiado observadora, tanto que apenas yo podía reconocerlo.
Hablo de él, de aquél que olvidaba llamarme, que olvidó hasta que existía. Hablo de aquella persona que desapareció de mi vida esfumándose como si del humo de un cigarrillo se tratase. Hablo justamente de esa persona que no sabe ni cual es el día de mi cumpleaños. Me refiero a ese alguien a quien dí una segunda oportunidad y me dejó sosteniendo las promesas a través los espacios que forman mis dedos. Hablo de quien estaba segura no conocía el significado de la palabra desasosiego.
Pero de qué sirve esto ahora, ahora cuando ya a penas quedan restos de aquello tan sumamente mágico que empezó una cálida noche de verano.
Todo tiene su momento, no se elige, eso lo sé, pero creo que no es justo que el momento siempre sea cuando para mí ya es demasiado tarde.
Supongo que todas las cosas tienen un motivo por el cual suceden.
Me quedaré a ver que quiere decirme el destino esta vez, aunque no prometo quedarme.
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