Inspiro y suelto lentamente el aire que emerge de mis pequeños pulmones.
Esta vez me siento a escribir a cerca de una nueva etapa. Una nueva etapa que ha comenzado en este maravilloso mes de diciembre. Quiero cerrar todo lo que queda de mi yo anterior respecto al amor.
Me siento para hablaros de algo, o mejor dicho, de alguien que ha sido puesto en mi camino majestuosamente. Diferente a todas las personas que han llegado a mí, completamente extraordinario.
Odio precipitarme al escribir sobre alguien que puede parecerse al amor, porque siempre todo tiende a desvanecerse. Pero esta vez me siento en la necesidad de contar como alguien en tan poco tiempo ha podido demostrarme más que ninguna otra persona en años; quiero decir, que ahora por fin estoy conociendo el significado de lo que son los hechos, dejando las palabras en segundo o tercer plano. Los hechos hablan solos, y yo eso aún no lo sabía.
Él es alguien que parece o dice ser despistado, pero se acuerda de que odio el salmón. Es una persona que detesta hablar por teléfono, pero me llama para felicitarme la navidad.
Él me invita a su casa a cenar, y sabiendo que adoro su tarta de triple chocolate, no duda en preparármela de postre acompañada de una magnífica frase: "lo prometido es deuda".
Odia hablar por notas de voz, pero me envía una para darme las buenas noches.
Y ya por no hablar de su increíble sentido del humor que hace imposible que borre la sonrisa de mi cara.
Ahora, tengo que admitir, que estoy absolutamente muerta de miedo. Y por primera vez no sé como escapar de él.
Aunque una vez escuché a una persona decir: -¿sabes lo que hago yo cuando tengo miedo? - ¡Corro! para que no me pille.
Así que, a correr hasta que el cuerpo aguante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario